Mostrando entradas con la etiqueta Black Humerus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Black Humerus. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de febrero de 2013

Black Humerus VI: Colisión en el córtex

Colisión en el córtex,
ideas ojos cerrados boca cerrada oídos tapados,
tristes y vacíos (“estúpidos y contagiosos”),
rendíos en el mar del tiempo, el tiempo, el tiempo.

Jon Osterman

Flotamos en la noche, resplandecemos, hemos olvidado quienes somos.
Mi rostro en el espejo de un baño, cabeza sacudida por olas de música,
espina dorsal, impulso, vértebra.
Tengo pelo, ojos marrones, tras de mí algo. Cierro los ojos y flotando, emerjo en el espacio.
Grito, grito y lloro.
No puedo explotar, quiero vivir, se caen los ojos de las cuencas,
hendiduras de dientes, piel abierta, chillidos musculares, grietas en mis nervios, pelo, pelo.

Olvidamos quienes somos, condenados, repetidos, hemos olvidado quienes somos.

martes, 18 de diciembre de 2012

Loss / Pallbearer … Black Humerus V

Aura negra, íntima y oscura pesadumbre, cabeza abotargada. En medio de la desesperación, dos caminos: Uno, “Despond”, Otro, “Sorrow And Extinction”.

Pallbearer - Sorrow and Extinction

La voz de Michael Meacham en el continuo golpe suspendido de Loss. Todo son pequeños haces de luz en habitaciones abandonadas, cuerpos derrotados empapados en sudor sobre colchones enmohecidos, tierra profunda y azarosa que remite a tragedias primordiales: “Vida sin esperanza… muerte sin razón”, de camino a las tenebrosas y húmedas profundidades de la angustia y la depresión.

Por otra parte, la pesada épica de Pallbearer, remite a la fuerza y la fe que permite alcanzar la gloria, elevando el espíritu dolorido, levantando manos cornudas y aguantando, con brillante intensidad, la mirada al sol, al cielo, a las nubes, a todo lo alto.

Dos caminos, un destino. Fundidos en “Silent and Completely Overcome”: la mágica voz de Brett Campbell empujando las funestas gestas de Loss, picos inversos de intensidad.

La música también son recuerdos. Una mano pendía mientras buscaba fuerza y un camino. Ésta es la banda sonora de ese momento, éste es el barniz que recubre el tiempo, ésta es la hora en la cual miramos atrás con una sonrisa de desprecio.

sábado, 25 de agosto de 2012

Black Humerus IV: Apocalypse Rehab

Diagnóstico: Axonotmesis (Escala Seddon).
Rehabilitación: 1 – calor. 2 – electricidad. 3 – tensión.

Todos los días una rutina impenitente e inmisericorde recorre mi brazo. Todos los días, el mismo día. A duras penas se diferencian los matices: Frecuencia, intensidad, dispositivo.

La primera vez que sentí la electricidad pensaba en Apocalypse Now y T.S. Elliot.

“Somos los hombres huecos
Somos los hombres rellenos”

Vacío y relleno con electricidad.

“En nuestra bodega seca
Figura sin forma, sombra sin color,
Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;”

“Gesto sin movimiento, gesto sin movimiento, gesto sin movimiento”, me repetía una y otra vez mientras recibía descargas eléctricas en la primera electromiografía. Una larga aguja clavada en la profundidad de los músculos determina el grado de excitación motriz conseguido por la estimulación eléctrica del nervio dañado. En mi caso, el nervio radial.

Colonel Walter E. Kurtz

El Coronel Kurtz recitando poesía en la oscuridad de la mente. La rehabilitación.

viernes, 20 de julio de 2012

Black Humerus III: Nails

Oigo llanto, veo a mi familia. Lloran por mí, estoy muerto. Comienzo a comprender, estoy despertándome, me llevan a la sala de rehabilitación. Soñar que me muero durante la operación, así de original soy. Me arde el hombro, me duele el brazo. Comienzan a darme morfina. No me atrevo a moverme, tenso todo el cuerpo. Soy una roca nerviosa. Quiero verlo todo, saberlo todo. “Wake up young man, it's time to wake up”.

Mis primeros minutos consiente tras la operación fueron extraños, dolorosos y alegres.

Mear es fácil, solo tengo que llegar al baño. Tengo que expulsar la anestesia. Es importante. Me tengo que poner de pie, caminar hasta el retrete. Ale me ayuda a ponerme en pie, pero algo va mal. Gruño. Sí, gruño como un perro. Me vienen a la cabeza imágenes de perros con patas escayoladas. Gruño y aviso: “Hay algo ahí”. Todo mi brazo está loco, no entiendo nada. ¿Qué trata de decirme? ¿Qué es eso que siento? “Hay algo ahí”.

Da lo mismo, tengo que ir al baño. Camino y me siento en el baño. Algo empieza a ir muy mal. Comienzo a mear, pero tengo ganas de vomitar. De repente todo mi cuerpo suda, el sudor me recorre desde la cabeza, llega a mi nariz y me abandona para caer sobre mis piernas. Tengo la barriga hinchadísima. Se me duermen los dos brazos. Empiezo a marearme, estoy alucinando. Gruño y pienso en Bob, de Twin Peaks. “Abre la puerta”, repito entre gruñidos. “¿Qué puerta?” No hay puerta.

La primera vez que me levanté de la cama tras la operación, tuve una alucinación y delirios. Bastante angustioso para mí, no me quiero imaginar lo que se le pasaría a la pobre Ale por la cabeza.

“Doctor, me han dejado de crecer las uñas”. “¿Ein?”.

Durante todo el tiempo que he estado escayolado, las uñas de mi mano izquierda dejaron de crecer. Nadie supo decirme a qué era debido.

sábado, 7 de julio de 2012

Black Humerus II: Hospital Nights

Cinco largas noches he tenido que pasar en el hospital debido a mi rotura de húmero. Cinco noches de espera, lo único que se puede hacer en un hospital. En ese tiempo, tres fueron los compañeros de habitación, y para mi desgracia, o bien ellos mismos, o bien sus acompañantes, eran expertos dominadores del arte del ronquido.

Tras una primera noche aciaga, que pese a los tranquilizantes y demás farmacología, devino en black humerous nails 1una tragedia de insomnio nervioso, decidí buscar remedio para tamaño entuerto. Fue de esta manera como entregué mis dolorosas noches de hospital al espíritu de la música.

Mi reproductor de mp3 tiene una capacidad importante y un contenido muy heterogéneo, lo cual garantiza una reproducción aleatoria llena de contrastes, y así fue. He de admitir que pese a que en ciertas ocasiones, el efecto sedante que pretendía tornó en jolgorio interno (porque a ver quién es el guapo que reduce el ritmo de sus constantes vitales al ritmo de, por ejemplo, black humerous nails 2un “Can't You Hear Me Knocking”), la estrategia resultó efectiva e incluso me proporcionó unas cuantas sorpresas y sensaciones, por decirlo de alguna forma, “alternativas”.

Como loco obseso de la música desde hace más de 15 años, nunca he desaprovechado una ocasión para ponerme un cd o lo que sea. Sin embargo, en esta ocasión me encontraba reticente, más que nada, por no asociar lo escuchado al dolor y la angustia. Nada más lejos de la realidad, será difícil que recuerde mal los instantes de duermevela que disfruté con los gritos de Quorthon, la rabia supurada de “Transilvanian Hunger”, la intrigante magia de “Out of the Mountain” o del enorme Johnny Cash (“I Hung My Head” y “Ain't No Grave (Gonna Hold This Body Down)” las escuché poco antes de entrar en quirófano). Y obviamente, “Sister Morphine”.

Son las doce de la noche, llegan los tranquilizantes y los últimos antibióticos del día. La simpática enfermera siempre me dice lo mismo: “Me gusta mucho esta combinación de medicamentos, ya verás”. Apagamos las luces, trato de buscar postura, comienzo a sudar. Mi fiel compañera me pregunta si necesito algo. “No, gracias”. Más calor y un hormigueo atroz llegan a mi brazo. Las medicinas comienzan a hacer efecto. Arranco mi mp3. Hipnos y Apolo. Volar.

“Here I lie, in my hospital bed.

Tell me, Sister Morphine, when are you coming round again?

Oh, I don't think I can wait that long.

Oh, you see that I'm not that strong"

domingo, 1 de julio de 2012

Black Humerus

Con un pulso me he roto el húmero. Un pulso largo, a mano cambiada. Un juego de niños grandes, mucho más peligroso de lo que yo pensaba. Un periodo largo de aguante, un instante en el que decidí cargar con fuerza en mi brazo izquierdo y entonces, un estruendoso crujido que se encargó de absorber toda la energía, el calor y el “orgullo” que confluían entre nuestras manos, la mía y la de mi contrario.

broken humerus

Me levanté inmediatamente, aturdido e incapaz de comprender la realidad deforme que se balanceaba en un péndulo de carne: “¿Y esa mano? Ah no, es un brazo entero. ¿De dónde vienen?...soy yo, solamente yo, me he roto”. Me tiré al suelo, comencé a gritar histérico, lloré, sudé mucho. Y el miedo.